Posted on 30 May 2010.
Ex-Uribe defense minister dominates Colombia vote
BOGOTA (AP) — El ex ministro conservador de defensa, que prometió continuar con las polticias de seguridad de Álvaro Uribe, derrotó con facilidad a un extraño disidente en las elecciones presidenciales en Colombia el domingo (May. 30), pero no llegó a los votos necesarios para evitar una segunda vuelta.

Juan Manuel Santos, Colombia
Juan Manuel Santos, un veterano político que dice que va a mantener la presión sobre los rebeldes de izquierda, misma que alimentaba la popularidad del presidente Uribe, obtuvo el 47 por ciento de apoyo frente al 21 por ciento de Antanas Mockus, un matemático que realizó una campaña poco ortodoxa con llamados al gobierno limpio como candidato del Partido Verde.
Santos, de 58 años, necesitaba una mayoría simple – 50 por ciento más uno – para evitar la segunda vuelta del 20 de junio. Ganó en todo menos en una de las provincias de Colombia e incluso tomó Bogotá, considerado un bastión de Mockus, quien fue dos veces alcalde de la capital.
A Uribe se le impidió competir, por una decisión judicial de febrero, como candidato a un tercer mandato consecutivo.
Finalizando en tercer puesto, el domingo con el 10 por ciento, quedó Germán Vargas de Cambio Radical, que junto con Santos, del partido Unidad Nacional, es miembro de la coalición gobernante de Uribe. Detrás de él con el 9 por ciento estaba el principal candidato de oposición, Gustavo Petro, del izquierdista Polo Democrático Alternativo.
La canciller Noemí Sanín, del Partido Conservador aliado de Uribe, ganó un 6 por ciento y el candidato del Partido Liberal, Rafael Pardo, ministro de Defensa en los inicios de los 90s, obtuvo un 4 por ciento.
Aunque por lo general pacífica, la elección del domingo se caracterizó por cerca de dos docenas de enfrentamientos con los rebeldes de izquierda que cobró la vida de tres soldados, un potente recordatorio de que el conflicto de Colombia que ya tiene medio siglo de edad, está lejos de resolverse.
La continuidad de la violencia – y la falta de claridad de Mockus sobre cómo iba a tratar con ésta – favoreció a Santos, de 58 años de edad, un ministro de gabinete en tres administraciones y, que por primera vez se postula como candidato a un cargo de elección popular.
En las encuestas preelectorales, estaba en un empate estadístico con Mockus, hijo de inmigrantes lituanos.
Esas encuestas resultaron ilusorias.
“Mi sensación es que muchos colombianos se sintieron atraídos por Mockus, su mensaje atractivo y lo que representaba, pero al final estaban preocupados acerca de (elegir a) un novato relativo en cuestiones de seguridad y de política exterior”, dijo Michael Shifter, presidente de Inter-American Dialogue con sede en Washington, DC.
Mockus cometió varios errores graves durante la campaña que pusieron de manifiesto su inexperiencia en las relaciones internacionales.
El resultado de la segunda vuelta del 20 de junio “dependerá en gran medida de las coaliciones formadas entre Santos y los campos de Mockus con los ‘perdedores de las elecciones’”, dijo Arlene Tickner, politóloga de la Universidad de los Andes.
Se espera que los partidarios de Vargas apoyen a Santos, mientras que el voto a favor de Petro y de Pardo vayan a apoyar a Mockus, dijo Tickner. Ninguno de los perdedores hizo una declaración a favor de nadie y no está claro lo que harán los votantes de Sanin.
Se informó que se reportaron combates el domingo en seis regiones y las tres muertes de soldados fueron atribuidas por el gobierno a las izquierdistas Fuerzas Armadas Revolucionarias, FARC. Las FARC habían pedido a los colombianos boicotear la votación del domingo, pero no ordenaron a la población que se mantuviese fuera de las carreteras, como lo han hecho en las zonas rurales en pasadas elecciones.
Como ministro de Defensa entre 2006-2009, Santos ayudó a sofocar a las FARC, lo que resta del último ejército rebelde de América Latina. Las autoridades dicen que por ahora su número es menor que 9,000.
Mockus, de 58 años, es un ex rector de la Universidad Nacional que dice que también va a ser duro con las FARC.
Y aunque cuidando de no criticar Uribe, ha expresado su consternación por los escándalos que han plagado el presidente saliente, incluido el espionaje interno, las ejecuciones extrajudiciales por parte de soldados y la concesión de las subvenciones agrícolas a compinches políticos.
En Bogotá, Cecilia de Gaitán, de 75 años, dijo que votó con la esperanza de que Mockus podría empezar a liberar Colombia de su endémica corrupción.
“No será fácil, pero se tiene que votar con la esperanza”, dijo. Ella había votado a favor de Uribe en las últimas dos elecciones, pero dijo que su segundo mandato fue “desastroso” y afirmó que considera a Santos, “capaz pero con más de lo mismo”.
Mockus se distinguió con un mensaje simple: Sólo a través de la educación y del respeto de la ley, colombianos encontrarán la verdadera seguridad. Su estilo colorido, pedagógico lo catapultó fuera de su marginal condición en sólo tres cortos meses. En Internet, él tiene el mayor número de fans en Facebook y Twitter.
Pero muchos votantes no pensaron que Mockus tenga todo lo necesario para gestionar un país en guerra, cuyas instituciones siguen siendo amenazados por bandas criminales de tráfico de cocaína.
“Sin duda es el más honorable de todos (los candidatos), pero no se administra un gobierno con ideas utópicas”, dijo David Lewinski, de 37 años, dueño de un negocio de suministro de materiales farmacéuticos.
Lewinski dijo que votó a favor de Vargas, pero que optaría por Santos en la segunda vuelta.
El extravagante pasado de Mockus ha sido a la vez una bendición y un pasivo, en función del votante. Como rector de la universidad, una vez, enseñó el trasero desnudo un auditorio lleno de estudiantes revoltosos. Mientras que como alcalde de Bogotá, envió mimos a la calle para avergonzar a aquellos que se burlaban de las disposiciones de tráfico.
Santos siguió un guión más tradicional, prometiendo “empleo, empleo y más empleo”. También trató de distanciarse de los escándalos que plagan a la administración de Uribe.
Santos, como ministro de Defensa, despidió a 27 oficiales después que la fiscalía acusó a soldados de matar a más de 1,000 civiles. Los críticos dicen que él tiene alguna responsabilidad, pero Santos afirma que fue él quien puso fin a los abusos.
ENGLISH
BOGOTA (AP) — A conservative former defense minister who promises to build on Alvaro Uribe’s security gains easily defeated a maverick outsider in Colombia’s presidential election Sunday (May. 30) but fell short of the votes needed to avoid a runoff.
Juan Manuel Santos, a political veteran who says he’ll keep up the pressure on leftist rebels that fed President Uribe’s popularity, won 47 percent support against 21 percent for Antanas Mockus, a mathematician who ran an unorthodox clean government campaign as Green Party candidate.
Santos, 58, needed a simple majority – 50 percent plus 1 – to avoid the June 20 runoff. He won in all but one of Colombia’s provinces and even took Bogota, considered a stronghold of Mockus, who was twice the capital’s mayor.
Uribe was barred by a February court ruling from running for a third straight term.
Finishing third Sunday with 10 percent was German Vargas of Cambio Radical, which along with Santos’ National Unity party is a member of Uribe’s governing coalition. Trailing him with 9 percent was the main opposition candidate, Gustavo Petro of the leftist Polo Democratico Alternativo.
Foreign Minister Noemi Sanin of the Uribe-allied Conservative Party won 6 percent and Liberal Party candidate Rafael Pardo, an early 1990s defense minister, got 4 percent.
Although generally peaceful, Sunday was marked by nearly two dozen clashes with leftist rebels that claimed the lives of three soldiers, a potent reminder that Colombia’s half century-old conflict is far from resolved.
The continuing violence – and Mockus’ lack of clarity on how he would deal with it – favored Santos, a 58-year-old a Cabinet minister in three administrations running for elected office for the first time,
In pre-election polls, he was in a statistical dead heat with Mockus, the son of Lithuanian immigrants.
Those polls proved illusory.
“My sense is that many Colombians were drawn to Mockus, his appealing message and what he represented, but in the end were worried about (electing) a relative novice on security and foreign policy questions,” said Michael Shifter, president of the Washington, D.C.-based Inter-American Dialogue think tank.
Mockus committed several gaffes during the campaign that revealed his inexperience in international relations.
The outcome of the June 20 runoff “will depend largely upon the coalitions formed between the Santos and Mockus camps with the elections ‘losers,’” said Arlene Tickner, a University of the Andes political scientist.
Vargas’ supporters are expected to back Santos while Mockus gets the Petro and Pardo vote, she said. None of the losers immediately made an endorsement and it’s unclear what Sanin voters will do.
Combat was reported Sunday in six regions and all three soldier deaths were blamed by the government on the leftist Revolutionary Armed Forces, or FARC. It had called on Colombians to boycott Sunday’s vote but did not order people to stay off the roads, as it has done in rural areas in past elections.
As defense minister from 2006-2009, Santos helped knock the wind out of the FARC, Latin America’s last remaining major rebel army. Authorities say it now numbers less than 9,000.
Mockus, 58, is a former National University rector who says he’ll also be tough on the FARC.
And though careful not to criticize Uribe, he has expressed dismay at the scandals that have plagued the outgoing president, including domestic spying, extrajudicial killings by soldiers, and the awarding of agricultural subsidies to political cronies.
In Bogota, Cecilia de Gaitan, 75, said she cast her ballot for Mockus hoping he might begin to rid Colombia of its endemic corruption.
“It won’t be easy but you have to vote with hope,” she said. She had voted for Uribe in the past two elections but called his second term “disastrous” and said she considers Santos “capable, but more of the same.”
Mockus distinguished himself with a simple message: Only through education and respect for the law will Colombians find true security. His colorful, pedagogical style catapulted him from fringe status in three short months. Online, he the biggest number of Facebook and Twitter fans.
But many voters didn’t think Mockus has what it takes to manage a country at war whose institutions remain threatened by cocaine-trafficking criminal bands.
“He surely is the most honorable of all (the candidates), but you don’t run a government on utopian ideas,” said David Lewinski, 37, a health-care supply business owner.
Lewinski said he voted for Vargas but would opt for Santos in a runoff.
Mockus’ quirky past has been both a boon and a liability, depending on the voter. As university rector, he once mooned an auditorium full of unruly students. While Bogota mayor, he dispatched mimes into the streets to shame traffic scofflaws.
Santos followed a more traditional script, promising “Jobs, jobs and more jobs.” He also sought to distance himself from the scandals plaguing Uribe’s administration.
Santos, as defense minister, fired 27 officers after prosecutors accused soldiers of killing more than 1,000 civilians. Critics say he bears some responsibility, but Santos contends it was he who put an end to the abuses.