Joyce narra el peregrinaje de 1.000 kilómetros por Inglaterra de Harold Fry

RACHEL JOYCE

Barcelona (España), 22 sep (EFE).- La escritora británica Rachel Joyce seduce a los lectores con la enternecedora y surrealista aventura del protagonista de “El insólito peregrinaje de Harold Fry”, que recorre 1.000 kilómetros a pie por Inglaterra para apoyar a una antigua compañera de trabajo enferma de cáncer.

Vendida a 23 países y tras superar los 90.000 ejemplares en el Reino Unido desde marzo, la novela ha sido publicada esta semana en España por Salamandra en castellano.

Joyce explica en una entrevista con Efe que empezó a escribir la historia como una obra dramática para ser emitida por BBC Radio cuando su padre dijo que le quedaban unas semanas de vida.

“No le dije que lo estaba escribiendo y él no lo supo, pero estaba tan triste y enfadada que necesitaba escribir algo para él”, destaca.

No hay una base real en la historia de la novela, pero cuenta su autora que cuando comenzó a escribirla su dentista le relató el caso de un colega suyo que estaba atendiendo a un paciente cuando este último le dijo algo que le molestó: el dentista salió entonces de su consulta, caminó hasta la siguiente calle y acabó cruzando Europa.

El embrión de la novela fue ese serial radiofónico que duraba únicamente 45 minutos: “una historia reducida a su esencia en la que solo estaban Harold, su mujer Maureen, y apenas algunos de los desconocidos con los que se encontraba el protagonista en su periplo”.

Para el viaje de Harold, Joyce se documentó e incluyó lugares que conoce. De hecho, empieza en Kingsbridge, donde se crió Paul su marido, y la autora se aseguró de que fuera correcta cada parte del trayecto: donde duerme, donde come, “porque aunque el lector no necesitara saberlo, me parecía que se daría cuenta de ello”.

Tenía un mapa de carreteras que fue recortando y cuyos trozos pegó unos a otros hasta que, comenta la autora, acabó ocupando la mitad de su estudio, una pequeña casa de invitados con vistas a la campiña inglesa.

Joyce confiesa que se alegra de no haber visto las películas “Forrest Gump” y “The Straigh Story”, que tangencialmente tienen que ver con su novela, especialmente la segunda, que narra la historia de un hombre que atraviesa Estados Unidos con su tractor cortacésped para ver a su hermano enfermo de cáncer, porque, de haberlo hecho, habría “escrito otra novela”.

El lector de “El abuelo que saltó por la ventana y se largó” de Jonas Jonasson encontrará una peripecia parecida, aunque como dice Joyce, que está leyendo con su hijo la novela del sueco, “el tono elegido es diferente, ya que hay una opción clara por el humor”.

Al igual que al abuelo de Jonasson, Harold Fry se ve sometido a los avatares del azar, nunca sabe con quién se encontrará y cómo cambiará eso su vida y su propósito de llegar al final del trayecto.

“Yo sí sabía que el azar iba a ser una parte importante del viaje de Harold, pero me parecía importante que Harold no lo supiera, y por esa razón está narrada en tercera persona, que me resulta una forma de narrar más natural, seguramente por mis años de trabajo en la radio”, dice.

Admite Joyce que “El insólito peregrinaje de Harold Fry” es “una novela sobre la pérdida y sobre el amor”, pero “también sobre el desencuentro o cuando no tenemos las palabras adecuadas o las palabras no nos sirven porque significan cosas diferentes para cada uno, pero lo seguimos intentando”.

El personaje protagonista tiene, según su autora, algo de ella, de su padre, y le interesaba que fuera “una persona corriente, alguien a quien la gente sintiera próxima”.

“Es especialmente inglés en eso de no estar demasiado cómodo al hablar de los propios sentimientos y, como la generación de mi padre, de no querer admitir que las cosas van mal”, subraya.

La autora inglesa ultima su segunda novela, de la que revela que narra la historia de un niño que cree que su madre ha hecho algo terrible y se propone salvarla.

“Aunque es un relato más sombrío, al final me he dado cuenta de que tienen en común que se interesan por la gente que en sus vidas no encajan en la norma, que dejan de seguir el tiempo del reloj”, repone.

Jose Oliva