La ley de reforma de salud de Obama está en suspenso

Court Takes Health Care Case behind Closed Doors

 

Partidarios de la reforma de salud se paran frente a la Corte Suprema de Justicia en Washington el miércoles, 28 de marzo del 2012, en la última jornada de los argumentos con respecto a la ley de salud firmada por el presidente Barack Obama. (Foto de AP)

WASHINGTON (BBC Mundo) — La Corte Suprema de Estados Unidos concluyó tres días de audiencias sobre la constitucionalidad del Acta de Cuidado de Salud Asequible, una ley en la que el presidente Barack Obama ha invertido su mayor capital político y que, tras meses de debates, fue aprobada en ambas cámaras del Congreso a lo largo de líneas partidistas.

Durante los tres días los nueve altos magistrados de la Corte Suprema intercambiaron opiniones, escucharon a los críticos de la ley e interrogaron a los abogados sobre los aspectos más cruciales. Durante la última sesión del miércoles, 28 de marzo, la corte discutió en qué estado quedaría la ley del presidente Obama si se deroga ese artículo central.

‘Mi inclinación sería que si se retira el corazón del estatuto, el estatuto desaparece’, opinó el magistrado conservador Antonin Scalia. Sin embargo, no surgió un claro consenso sobre la suerte de la ley si los jueces deciden derogar el seguro obligatorio.

Desde que esta profunda reforma al sistema de salud fue aprobada hace dos años, ha habido un cambio en la composición del poder legislativo con los republicanos equilibrando los escaños en el Senado y ganando la mayoría en la Cámara de Representantes. Sectores públicos más conservadores también se han vuelto más vociferantes en su crítica contra la ley.

Como consecuencia 26 estados desafiaron legalmente el acta, lo que ocasionó las históricas audiencias frente a la última instancia jurídica del país.

En una esperada reunión el viernes, 30 de marzo, magistrados discutieron los argumentos que se escucharon durante estos tres días. Cada juez ha escrito sus opiniones sobre el caso y emitirán el fallo a finales de junio, cuando la carrera presidencial estará en pleno auge, posiblemente convirtiendo el cuidado de salud en un tema candente de las campañas.

La Corte Suprema de Estados Unidos está compuesta de nueve magistrados, cinco de ellos designados por presidentes republicanos y cuatro por demócratas. De darse un fallo partidista, la ley sucumbe pero sólo se necesita que uno de los jueces conservadores coincida con sus homólogos liberales para ratificarla.

El tema más controvertido es el seguro individual obligatorio que estipula que, con algunas excepciones, los ciudadanos que tienen los medios tendrán obtener un seguro de salud para el 2014, de lo contrario pagarán una multa que empezará en US$95. La cobertura podrá ser con una aseguradora privada o por medio del sistema de salud del estado, Medicaid.

Sectores conservadores alegan que esto es un ejemplo de crasa intromisión del Estado en la vida ciudadana, dictaminando qué o no debe hacer un ciudadano y en qué gastar su dinero.

Los defensores de la reforma insisten en que es una parte esencial de hacer que los costos de los seguros de salud bajen para todos los estadounidenses, incluyendo para los millones que hoy no pueden pagarlos. Alegan que al hacerse obligatoria la compra del seguro, tanto las personas que gozan de buena salud como las que no la tienen harán parte del sistema.

En el sistema actual, algunas personas sin problemas de salud no sienten la necesidad de comprar el seguro, generando como resultado que entre los asegurados haya un porcentaje relativamente mayor de personas enfermas, lo que a su vez eleva los costos de tratamiento y por ende el valor de las primas de seguro médico que deben pagar los usuarios actuales.

 

ENGLISH:

 

WASHINGTON (AP) — The survival of President Barack Obama’s health care overhaul rests with a Supreme Court seemingly split over ideology and, more particularly, in the hands of two Republican-appointed justices.

Chief Justice John Roberts and Justice Anthony Kennedy put tough questions to administration lawyers defending the health care law during three days of arguments that suggested they have strong reservations about the individual insurance requirement at the heart of the overhaul and, indeed, whether the rest of the massive law can survive if that linchpin fails.

But Roberts and Kennedy also asked enough pointed questions of the law’s challengers to give the overhaul’s supporters some hope. In any event, justices’ questions at arguments do not always foretell their positions.

The court’s decision, due in June, will affect the way virtually every American receives and pays for health care and surely will reverberate in this year’s campaigns for president and Congress. The political effects could be even larger if the court votes 5-4 with all its Republican-appointed justices prevailing over all the Democratic appointees to strike down the entire law, or several important parts of it.

Not since 2000, when the court resolved the Bush v. Gore dispute over Florida election returns that sealed George W. Bush’s election as president, has a Supreme Court case drawn so much attention.

The court wrapped up public arguments Wednesday, March 28th, on the overhaul, which aims to extend health insurance to most of the 50 million Americans now without it. The first and biggest issue the justices must decide is whether the centerpiece of the law, the requirement that nearly all Americans carry insurance or pay a penalty, is constitutional.

Wednesday’s morning session was unusual in that it assumed, for purposes of argument, a negative answer to that central question. What should happen to other provisions, the justices and lawyers debated, if the court strikes down the requirement? If the justices are following their normal practice, they had not even met to take a preliminary vote in the case before all argument concluded.

Questions at the court this week showed a strong ideological division between the liberal justices who seem inclined to uphold the law in its entirety and the conservative justices whose skepticism about Congress’ power to force people to buy insurance suggests deep trouble for the insurance requirement, and possibly the entire law.

The divide on the court reflects a similar split in public opinion about the law, which Congress approved two years ago when Democrats controlled both the House and Senate.

Liberal and conservative justices alike appeared to accept the administration’s argument that at least two important insurance changes are so closely tied to the must-have-coverage requirement that they could not survive without it: provisions requiring insurers to extend coverage to people with existing medical problems and limiting how much those companies can charge in premiums based on a person’s age or health.

Less clear was whether the court would conclude that the entire law, with its hundreds of unrelated provisions, would have to be cast aside.

The justices also spent part of the day considering a challenge by 26 states to expansion of the federal-state Medicaid program for low-income Americans – an important feature which alone was expected to extend coverage to 15 million people and which no lower court has rejected. The conservative justices appeared open to the states’ argument that the expansion is unconstitutionally coercive.

 

Paul Clement, representante de los 26 estados que rechazan la reforma de salud, asistió a la tercera y última jornada de debates sobre la constitucionalidad de la ley. (Foto de Getty Images)