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El que nada siembra, nada cosecha

 

He Who Sows Nothing, Will Reap Nothing

 

Hergit “Coco” Llenas

Directora Nacional de Acción Comunitaria Hispana

American Federation for Children

 

“¡Yo seré la primera persona en mi familia que irá a la universidad!”, afirmó con orgullo una joven estudiante que cursaba el último año de la secundaria en una de las escuelas localizadas en el este de Las Vegas, un área mayoritariamente poblada por familias hispanas. El barrio -y sus escuelas- no es muy diferente a otros barrios encontrados en Phoenix, Nashville y otras partes del país. Y allí, como en muchos otros lugares, se busca incrementar el número de estudiantes latinos que van a la universidad. Por eso, se dieron cita en una feria educativa representantes de diferentes universidades, agencias no lucrativas, las fuerzas armadas, escuelas vocacionales y colegios comunitarios, quienes informaban al estudiantado sobre los recursos y programas disponibles para ellos. En vista de que mi papel era hablar sobre becas, le pregunté a la citada estudiante si sabía cómo obtenerlas. – “Sí”, me contestó.

– ¿Has pedido a dos o tres maestros que te escriban cartas de recomendación?

– “¡Claro!”

– ¿Tienes listo el ensayo que vas a utilizar para solicitar las becas?

– “¡Por supuesto, ya le he pedido a una maestra que me lo ayude a corregir, porque sé que no debe tener faltas ortográficas!”, me respondió con una sonrisa de oreja a oreja.

– ¿Y la transcripción de tus calificaciones?

– “Aquí están, mire”, y abrió una carpeta con las copias de los documentos sujetos con una grapa.

– ¡Qué bien! veo que estás lista, le dije. Me quedé muy impresionada al ver cuán enterada estaba de estos asuntos.

Unos minutos más tarde me tocó hacerle las mismas preguntas a un chico. Sus respuestas fueron:

– “¿Ah?, ¿eh?, no… I didn’t know I needed it”.

– Tienes que hablar con tu consejero escolar para orientarte mejor, le dije.

– “No sé quién es el consejero”.

– ¿Qué te gustaría hacer cuando termines la secundaria?

– “No sé”.

– Y tus padres, ¿qué dicen?

– “Nada”.

– ¿Cómo que nada?

– “Ellos no se meten con eso, me respondió enfadado y se marchó”.

¿Por qué a algunos jóvenes les entusiasma la idea de alcanzar una educación superior y a otros el tema los pone de mal humor? ¿Por qué dos adolescentes expuestos a la misma información reaccionaron de manera tan opuesta ante ella?…

De acuerdo con la Doctora Mathis, una veterana con treinta y cinco años de experiencia en el mundo de la educación, lo que hace la diferencia entre un estudiante motivado a continuar sus estudios y uno desmotivado es el tipo de expectativa que su familia tiene de él/ella. Si se le enseña: “Aunque aquí nadie obtuvo un título universitario, tú sí vas a tener uno”, al estudiante, o a la estudiante, le quedará claro que eso es lo que se espera de él/ella y sabrá, entonces, hacia dónde debe dirigirse. Por el contrario, si no hay una meta, si no existen expectativas depositadas en su futuro, los jóvenes no sabrán qué hacer con el resto de su vida académica. Por eso, padres y madres, es importantísimo plantar la semilla de altas expectativas en la mente de nuestros hijos, porque el que nada siembra… bueno, ya saben.

 

Porque creemos que todos nuestros niños merecen tener acceso a una educación de alta calidad, nosotros promovemos y defendemos la Opción Escolar. Somos la American Federation for Children y estamos trabajando en Tennessee para crear más oportunidades educativas para nuestra comunidad. Visítenos en http://www.federationforchildren.org y/o escríbanos a CLLenas@FederationForChildren.org. Estamos para servirle.

 

 

 

 

 

 

 

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