FILIPINAS FRANQUISMO

Manila, 25 ene (EFE).- Las calles dedicadas a falangistas y generales sublevados en 1936 son fuente de polémica en España mientras en el otro extremo del globo, en pleno centro de Manila, esconden la historia de una poderosa oligarquía cercana a Franco.

La calle Primo de Rivera, en honor al fundador de la Falange española, parte del barangay (barrio) de Singkamas hasta llegar al de La Paz en Pasong Tamo, un distrito obrero agitado por la frenética actividad de los puestos de comida y ropa, el rugido de los yipnis -pintorescos minibuses locales- y un enjambre de triciclos a motor.

La de Primo de Rivera deja a ambos lados las rúes de Aranda, Ponte, Mascardo (Moscardó) y Dávila, todos ellos veteranos de la campaña de Marruecos y protagonistas de la insurrección contra la II República, hasta llegar al cruce con Mola, cerebro del fallido golpe de Estado militar que dio inicio a la Guerra Civil española.

Después de más de tres siglos de colonización Filipinas dejó de ser territorio español en 1898, cuando Franco todavía era un niño. Entonces, ¿por qué este distrito del área de Makati rinde tributo a sus cómplices de la sublevación de 1936?

La clave reside en el apoyo que la oligarquía manileña, representada por influyentes familias de ascendencia española, brindó al bando rebelde tras el golpe y después de la guerra al dictador, según el historiador Florentino Rodao, autor del libro Franquistas sin Franco: una historia alternativa de la Guerra Civil desde Filipinas.

“De todos los países, Filipinas fue donde hubo más apoyo a Franco en la colonia española”, explica a Efe este profesor especializado en Historia de Asia de la Universidad Complutense de Madrid.

La Corporación Ayala, perteneciente a la ilustre familia con raíces españolas Zóbel de Ayala, desarrolló tras la II Guerra Mundial el plan urbanístico de los que entonces eran sus terrenos de La Paz, según consta en los registros municipales del barangay.

Este clan, hoy uno de los más ricos e influyentes del país gracias a su extenso emporio empresarial e inmobiliario, permaneció estrechamente vinculado al régimen de Franco desde que el dictador nombrara cónsul en Manila a su primer patriarca, Enrique Zóbel de Ayala, al término de la Guerra Civil.

El secretario del barangay Singkamas, Bienvenido Cerdeña, nos revela que en la construcción y nomenclatura de la zona “además de los Ayala participaron otras altas familias con raíces españolas, como los Gorricho, los Cervantes o los Bormaheco”.

La mayoría de estas familias, afincadas en la otrora capital del Imperio español en Asia y teñidas por el mestizaje a lo largo de las generaciones, se alinearon con Franco y pusieron a su disposición la amplia influencia política y económica que ostentaban.

En cuanto a los sucesivos gobiernos de Manila hasta 1975, su relación con el régimen “fue siempre muy cordial”, asegura el historiador Rodao.

“Filipinas fue uno de los países que se pusieron del lado de Franco cuando la retirada de embajadores de la ONU”, recuerda, en referencia a la resolución que aisló diplomáticamente a España en 1946.

La Iglesia Católica filipina también ofreció su apoyo a Franco de la mano de Michael O’Doherty, entonces Arzobispo de Manila, y Silvestre Sancho, dominico español que nombró al llamado caudillo “Rector Magnificus” de la Universidad de Santo Tomás.

Este fraile asimismo celebró misas por la memoria de José Antonio Primo de Rivera, a quien unían con Filipinas ciertos lazos familiares ya que su padre, el dictador Miguel Primo de Rivera, y su tío abuelo Fernando habían participado en la guerra de finales del siglo XIX contra los independentistas del archipiélago.

Curiosamente el barangay La Paz también dedica un pequeño callejón al general Miguel Cabanellas, uno de los protagonistas del levantamiento del 36 pero cuyo nombre fue silenciado por el franquismo y excluido para siempre de la nomenclatura urbana, a excepción de Manila.

“Como Cabanellas era masón pasó a ser ignorado por las autoridades rebeldes pero en Filipinas no se enteraron de la situación, por lo que conservó la calle”, explica el historiador.