ARGENTINA LITERATURA

Buenos Aires, 6 sep (EFE).- Tras la cruenta Guerra Civil que asoló España entre 1936 y 1939, muchos de los editores literarios del país divisaban un futuro muy negro, pero el exilio a Argentina les abrió las puertas de un efervescente mundo editorial en el que se convirtieron en piezas clave.

Estos inmigrantes -forzados por las circunstancias- no solo se integraron en la industria literaria del país austral, sino que participaron en la fundación de editoriales de la envergadura de Sudamericana y Emecé, que siguen hoy muy vivas y en su día acogieron trabajos de Jorge Luis Borges o Gabriel García Márquez.

Esta historia de exilio forjada entre dos países se explora ahora en la exposición “La Patria Imaginaria”, que, compuesta por fotografías, libros y textos informativos, se puede visitar en el Museo del Libro y de la Lengua de Buenos Aires desde el pasado 4 de septiembre hasta abril de 2020.

La muestra pone el foco en cuatro editoriales surgidas de la inmigración española: Espasa-Calpe Argentina, Losada, Sudamericana y Emecé.

El responsable de la exposición, Esteban Bitesnik, explica a Efe que entre 1937 y 1940 se produce en Argentina la “colisión” de dos realidades: la de los inmigrantes que llegan al país para “ganarse la vida con las herramientas, saberes y la experiencia que traían desde España”, y un “hábitat propicio” para seguir ejerciendo como editores en un mercado creciente.

Las “penurias económicas” que se vivieron en España durante la Guerra Civil y la posguerra y la conversión del país en un estado “franquista y fascista”, dificultaron la producción literaria para estos editores.

“Argentina viene a ser receptora de ciertas ideas de este conjunto de intelectuales, que las pueden desarrollar aquí”, detalla Bitesnik.

Como puntos a favor, el país austral ya contaba con experiencia como acogedora masiva de inmigrantes europeos -especialmente italianos y españoles- a finales del siglo XIX y principios del XX, y la relación con el mundo editorial español ya era muy estrecha antes de que se produjese el exilio.

Después de que literatos como Mariano Medina del Río (Emecé) y Antonio López Llausás (Sudamericana) cruzaran el charco, tomaron las riendas de dos editoriales recién nacidas que contaron con algunas de las firmas latinoamericanas más célebres del siglo.

Emecé, fundada en 1939 por los gallegos Medina del Río y Álvaro de las Casas, consigue incorporar en 1945 como editores a Borges y Adolfo Bioy Casares, dos íntimos amigos que dirigieron la Colección el Séptimo Círculo.

Mientras tanto, Sudamericana, que según Bitesnik empezó con textos nacionales y extranjeros, tuvo el “tino” de captar parte del “boom” latinoamericano al editar “Cien años de soledad”, de Gabriel García Márquez, y otros textos de autores de esa generación como Julio Cortázar.

Entre estos editores, el “caso atípico” es el de Gonzalo Losada, puesto que llegó a Argentina en 1928, varios años antes de que estallara el conflicto civil en España, pero fue una pieza clave para dar cobijo a quienes vinieron después.

El responsable de “La Patria Imaginaria” explica que Losada dirigía la filial argentina de la editorial Enciclopedia Espasa-Calpe, pero tras la Guerra Civil surgieron conflictos políticos que le hicieron desligarse con la central española y fundar Espasa-Calpe Argentina (1937) primero, y Losada (1938) después.

En concreto, Losada se convirtió en el refugio cultural de los exiliados españoles y en su catálogo se incluyeron trabajos de Federico García Lorca, Antonio Machado y Rafael Alberti que, según recuerda Bitesnik, “en la España franquista estaban prohibidos”.

Para el responsable de la muestra, los méritos de estos exiliados españoles son múltiples: la construcción de un “vastísimo” catálogo literario, haber ampliado el público lector argentino y, por consiguiente, “enriquecer la vida cultural” del país.

Tono Gil