EGIPTO PRENSA

El Cairo, 4 mar (EFE).- Cinco años y medio han tenido que transcurrir para que el fotoperiodista egipcio Mahmud Abdelshakur abu Zeid, más conocido como “Shawkan”, pudiera sostener hoy de nuevo una cámara en su hogar.

Encarcelado desde de 2013, cuando fue arrestado en medio del desalojo policial sangriento de la plaza de Rabaa al Adauiya de El Cairo, su abogado Taher Abu al Naser, confirmó a Efe que Shawkan salió de la comisaría de Policía de Al Haram, situada en Guiza, en El Cairo, en horas de la madrugada.

Una imagen difundida por la campaña para liberar a Shawkan lo confirmaba: “¡Bienvenido, asfalto!… Shawkan es libre”, decía el mensaje en Twitter en el que aparecían su padre y hermano del fotógrafo, cuya detención produjo una oleada de críticas contra Egipto.

Una vez en su austero hogar en Guiza, a las afueras de El Cairo, el fotógrafo pudo sentarse y abrazar a la familia en sus primeras horas de libertad.

“Lamentablemente cuando estudiamos periodismo nos enseñaron que uno no debe ser una parte del suceso sino transmitir el suceso”, aseguró Shawkan a periodistas.

Shawkan fue detenido mientras cubría el desalojo violento de una manifestación de islamistas en la plaza Rabaa al Adauiya de El Cairo, que protestaban contra el derrocamiento militar del presidente Mohamed Mursi.

“Agarraron las cámaras y nos llevaron al estadio. Mis colegas fueron liberados dos horas después y yo estaba esperando mi turno para salir”, dijo, al recordar cómo fue arrestado junto a dos periodistas extranjeros que fueron liberados y él no.

El desalojo acabó con una masacre de entre 600 personas (según fuentes oficiales) y 800 (de acuerdo con diversas ONG) y llevó a una macrocausa en la que fueron condenadas 75 personas a muerte y cientos a penas de prisión, ninguna de ellas miembro de las fuerzas de seguridad.

Shawkan fue incluido en la macrocausa junto a dirigentes islamistas y participantes y sentenciado el 8 de septiembre pasado a cinco años por concentración, terrorismo, obstrucción de transporte público, uso de la fuerza contra la Policía y posesión de armas blancas.

“Cuando oí la sentencia fue una sensación contradictoria, porque recibí una sentencia y a la vez iba a salir porque ya la había cumplido. Fue una sensación rara”, aseveró sentado en el sofá mientras acariciaba la mano de su sobrina.

Su puesta en libertad se pospuso seis meses porque el fotógrafo no pagó una multa por “destruir propiedades públicas y privadas” que le impuso un tribunal egipcio.

Shawkan devino en un símbolo de la represión existente contra los medios de comunicación en Egipto, país que ocupa el puesto 161, de entre 180 países, en la clasificación de 2018 que elabora anualmente Reporteros Sin Fronteras (RSF) sobre la libertad de prensa.

RSF y Amnistía Internacional (AI) denunciaron su caso y hasta la Unesco le reconoció con un premio en la defensa de la libertad de expresión en su país.

“Soy una persona a la que no le gusta pensar en lo que ha dejado atrás. Lo que pasó, se acabó, no puedo pensar en ello ni vivir con ello y no poder salir de ahí, al revés, tengo que mirar hacia delante y continuar mi camino”, decía hoy el fotógrafo.

Shawkan está fuera pero aún deberá estar otros 5 años “bajo vigilancia”, lo que significa que durante ese periodo debe quedarse doce horas y pernoctar en la comisaría.

Najia Bounaim, directora de las campañas para el norte de África de AI, dijo en un comunicado que la liberación de Shawkan “pone fin a una experiencia dolorosa para él y su familia”.

“Como preso de conciencia, nunca debería haberse visto obligado a pasar un solo minuto tras las rejas, y mucho menos cinco años y medio”, señaló.

Por su parte, RSF aseguró en Twitter que su libertad es “todavía parcial en un país que parece a una prisión al aire libre para los periodistas” y recordó que “al menos otros 32 periodistas se encuentran en prisión” en Egipto.

Aquejado por la anemia del Mediterráneo y hepatitis C, contraída en prisión, Shawkan siempre realizaba un gesto con sus manos detrás de la celda que hay presente en las salas de juicios en Egipto en el que simulaba sostener una cámara.

Hoy, finalmente ha podido coger una de verdad.