Supporting Fernando in His Rehab

 

Hergit “Coco” Llenas

Directora Nacional de Acción Comunitaria Hispana

American Federation for Children

 

Después de recibir calificaciones deplorables en todas las asignaciones del noveno grado, y tras haber sido establecido que estaba abusando con el consumo de marihuana (todo el día, todos los días), Fernando fue ingresado en un centro de rehabilitación para varones. Bajo la tutela de psicólogos, terapistas y voluntarios egresados de ese mismo programa, este muchacho manso, cuyo verdadero nombre vamos a proteger, fue abriéndose, pudiendo vocalizar las razones que lo empujaron descuidar sus estudios y a refugiarse en el consumo de sustancias controladas.

– “En mi casa, es muy difícil para mí explicar lo que siento”, expresó Fernando durante una de las terapias de grupo. “Me da miedo hablar porque temo incomodar a mis padres. Son como una bomba de tiempo; cualquier cosa que digo puede causarles tensión, desaprobación… Por eso me callo. Me encierro en mi cuarto y trato de quitarme del medio. No ser una carga, porque siento que los molesto, como si yo estuviera de más. A veces, algo tan simple como haber tenido un mal partido de soccer o que no encontremos una dirección pone a mi madre como una fiera. Se incomoda, empieza a maldecir y gritar”. Luego, Fernando bajó la cabeza y se echó a llorar.

Tras cuatro semanas de terapias, los padres y personas allegadas a la familia fueron invitados al centro en cuestión a fin de entablar una conversación de cara a cara con los muchachos allí internados. Para la ocasión, ciertos miembros del personal sirvieron como moderadores entre padres e hijos. Aunque cada circunstancia familiar presentó sus propios matices, muy pronto salió a relucir un común denominador. Algo que, de haberlo sospechado la persona que me incluyó en esta travesía, la habría hecho seriamente reconsiderar su invitación. Puesto que, en cada una de las conversaciones que ahí se plantearon, los que estaban más rotos eran ¡los padres!

Como quedó muy pronto en evidencia, todos ellos estaban pasando por una profunda crisis personal. Uno era alcohólico, otro odiaba su trabajo, a aquel lo estaba traicionando su mujer, a este le dio con creerse que el mundo estaba en su contra y se defendía como lo hacen quienes padecen del complejo de víctima: apuntando el dedo hacia los demás. ¡En fin! En este grupo, los hijos eran, en gran parte, el reflejo de las deficiencias emocionales, espirituales y mentales de sus progenitores.

Ahora bien, puede que para aquellos que trabajan constantemente en terapias con jóvenes, este “descubrimiento” no fuera noticia. Es muy posible que ya tengan bien claro que el comportamiento difícil, errático, autodestructivo, presentado en muchos niños y adolescentes es, pocas veces, fruto de un desorden interno y, a menudo, producto del entorno. No obstante, ahora que tú y yo lo sabemos, no ignoremos la advertencia que esto trae consigo. Ante conductas problemáticas, es hora de cuestionarnos primero a nosotros mismos.

 

Porque creemos que todos nuestros niños merecen tener acceso a una educación de alta calidad, nosotros promovemos y defendemos la Opción Escolar. Somos la American Federation for Children y estamos trabajando en Tennessee para crear más oportunidades educativas para nuestra comunidad. Visítenos en http://www.federationforchildren.org y/o escríbanos a CLLenas@FederationForChildren.org. Estamos para servirle.